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EL PAYÉ
El payé es un talismán o amuleto de poderes sobrenaturales que concede a quien lo lleva éxito en sus distintas actividades.
Hay PAYÉ para todos los acontecimientos de la vida, los materiales que entran en su confección son de lo mas heterogéneos: trozos de madera de una cruz que haya estado en una sepultura; plumas de varios pájaros; trozos de asta, piedra imán; plomo de una bala; imágenes de santos, medallas, etc.
Las plumas del Caburé son muy apreciadas por atribuírsele fuertes poderes mágicos, no solamente da suerte en el juego sino que da suerte en la seducción de muchachas a los Don Juanes. Las imágenes de los santos gozan de gran favor especialmente si son hechas con una bala que haya dado muerte a alguien.
El payé se lleva generalmente colgado del cuello con una cadenita en una bolsita, contra el cuerpo. Para que el Payé no se enoje de vez en cuando "Hay que alimentarlo" es decir agregarle más de los elementos con los que ha sido confeccionado.
El Payé es un especial amuleto u objeto que se utiliza para lograr objetivos cuya obtención se considera casi imposible. Su confección depende del fin buscado, y su variedad es infinita: los hay para tener suerte en el juego, para el amor, para evitar peligros y enfermedades, e incluso para hacer daño en los enemigos. Es tanto el poder que se adjudica a estos objetos, que no son pocos quienes creen que incluso puede lograr que las balas reboten en el cuerpo, sin que provoquen ningún a su portador.
Sin duda alguna, el payé más popular es el destinado a obtener favores amorosos. Generalmente, en su confección se utilizan prendas de la persona a la que se desea enamorar, si son íntimas mejor, y si se las usó recientemente y no están lavadas el payé será más efectivo.
La confección del payé está a cargo de un curandero, nombre que vulgarmente reciben los hechiceros. En este proceso vuelca los conocimientos místicos que ha recibido de sus antecesores. Los elementos que componen el payé generalmente se colocan dentro de una bolsita de género, que nunca debe abrirse para evitar que pierda sus propiedades. En Corrientes, la creencia popular ha llegado a aceptar que incluso el suelo de la provincia tiene payé, y por esto quien lo pisa se enamora de sus paisajes y ya nuca puede dejar de añorar esas tierras.
El elemento más buscado para realizar el payé, especialmente aquel destinado a obtener el amor, es la pluma del Caburé, una pequeña ave de rapiña a la que se adjudica la facultad de fascinar a sus presas con la mirada. El convencimiento sobre las capacidades del payé es total, y si no se obtienen los resultados deseados, antes que descreer de su poder se culpa a los errores cometidos por el hechicero en su confección, o se acepta con resignación que la otra persona tiene un payé más poderoso.

COSAKAIT (Palo Santo)
Nombre que los tobas dan al árbol de Palo Santo. Según la leyenda recopilada por Lázaro Flury, en la época embrionaria del mundo, cuando los seres humanos formaban una pequeña minoría, COSAKAIT, el más apuesto y virtuoso de los varones de aquel grupo se había enamorado de una joven doncella.
Sin embargo no era correspondido por la bella mujer, y al sentirse desdichado enfermó gravemente. En su lecho de muerte llamó reiteradamente a la joven para verla por última vez, pero ésta se negó.
"-Decidle que no quiero morir. Mas Yago (Dios) me quita la vida. Pero estaré siempre con ella. Adornaré su cabeza de flores perfumadas. Ahuyentaré los parásitos de su lado. Daré fragancia al agua que beban sus labios y laven sus ojos. Iré al cielo en el humo aromado de su ruego en la ceremonia del NAREG. Y estaré donde ella se encuentre y le dare lo que pida..."
Tras estas palabras, la fiebre abrasó su cuerpo y murió invocando el nombre de su amada. Donde lo sepultaro creció el árbol COSAKAIT, característico por sus flores y madera perfumada.


LA LUZ MALA
Algunos investigadores del folklore nos hablan de fuegos fatuos a los que el indígena consideraba manifestaciones de ultratumba. Lo cierto es que cuando en el camino aparece uno de estos fuegos, el sendero deja de ser transitado por largo tiempo. Los criollos por lo general, los llaman luz mala. Son reales y obedecen a varios fenómenos naturales: pueden ser emanaciones de metano, comunes en terrenos pantanosos como la región de la Provincia de Buenos Aires, cerca de la Bahía de Samborombón. Otras veces son producidos por gases de la descomposición de sustancias orgánicas, sobre todo grasas, enterradas muy cerca de la superficie e incluso por la fosforescencia de las sales de calcio de esqueletos de animales esparcidos en el campo, comúnmente llamados osamentas. En los dos primeros casos, la luminosidad es tenue e intermitente, oscilando o trasladándose de un punto a otro, impulsada por la más leve brisa. En el último caso, concurren varios factores, como el agotamiento visual, el miedo, la falta de puntos de referencia en la oscuridad y la imaginación, que hacen que el observador la vea moverse. Estos desplazamientos, virtuales o reales, hacen que la "luz mala" sea atribuida a "almas en pena", que por ese medio manifiestan su deseo de vincularse a un ser vivo que les sirva de compañía. Según la tradición, tales almas vagan errantes porque sus pecados no les permiten entrar al cielo (aunque tampoco son tan graves como para merecer el infierno). Según la creencia, buscan esa compañía hasta que algún familiar realiza algún acto que las redime.

LA PACHA MAMA
Para los quechuas es la Madre Tierra, deidad máxima de los cerreros peruanos, bolivianos, y del Noroeste Argentino. Pacha es universo, mundo, tiempo, lugar, mientras que Mama es madre. Se trata de una divinidad femenina que produce, que engendra. Su morada está en el Cerro Blanco (o Cerro Nevado de Cachi) y se cuenta que en la cumbre existe un lago que rodea a una isla habitada por un toro de astas doradas que al bramar emite por la boca nubes de tormenta.
En la región del NOA, su fiesta se celebra el 1º de agosto. Ese día los pobladores que participan del ritual entierran cerca de sus viviendas una olla de barro con comida cocida. También colocan coca, alcohol, vino, cigarros y chicha para "carar" (alimentar) a la diosa. Ese mismo día –sostienen sus fieles – hay que ponerse unos cordones de hilo blanco y negro confeccionados con lana de llama, hilada hacia la izquierda. Tales cordeles se atan en cuello, tobillos y muñecas para evitar el castigo de la Pacha Mama.

EL POMBERO
Es muy parecido al Duende, pero a diferencia de aquel, se lo ha visto muy pocas veces.
Tiene los pies al revés para dificultar su búsqueda. Puede tomar la forma de cualquier animal. Según Bossi, a la distancia parece un carpincho parado en las patas traseras, sus ojos no son como los nuestros, sino chatos, como los del sapo, y con cejas de pelo largo.
Mira fijo igual que las lechuzas. Tiene la boca grande y alargada y sus dientes son muy blancos.
Se dice que es el dueño de los pájaros y del sol y señor de la noche.
Sale a pasear en los meses de Octubre y Noviembre, cuando empieza el calor (en el N.O. y N.E.).
Cuentan que una vez, el Pombero se enojó con un hachero de la provincia de Formosa: Marco Gavasa, lo sacó del rancho con cama y todo durante la noche y lo dejó en medio del monte. Esto mismo se repitió durante varias noches hasta que una vuelta lo golpeó y lo dejó paralítico. Marco Gavasa murió a los 86 años en el año 1972.
Quiere a los chicos buenos y golpea a los malos. Cuando uno le imita el grito o el silbido, éste le contesta en forma enloquecedora. Dicen que se lo ahuyenta con ajo.
Por su parte nos han contado que en Corrientes la historia es un poco distinta, allí es más parecida al duende norteño, pues es un petiso narigón con gran sombrero aludo y con gran dote masculino que aparece en los bananales a la siesta y suele perseguir en especial a las niñas. Apodado el duende sombrerudo o señor de la siesta a los niños se les hace dormir después del almuerzo para evitar encontrarse con él.

SAPO
Existe la creencia que colocarse un SAPO (Bufo Arenarum Hansel) atado con un pañuelo de "panza" contra la mejilla es útil para calmar el dolor de muelas. Esta suposición proviene de la edad media, y fue importada por los conquistadores e inmigrantes.
Esta creencia tiene su base científica: la piel del sapo, (aparte de las parótidas que segregan una substancia blanco-lechosa espesa muy urticante que sirve para disuadir a sus predadores pues si lo muerden les irrita sobremanera la mucosa bucal), y en especial la del abdomen, segrega una substancia de formula muy semejante a la aminas simpaticomimeticas (adrenalina y noradrenalina) que son vasoconstrictoras (entre otras acciones fisiológicas que no vienen al caso), por eso al agarrar un sapo parece frio debido a la vasoconstricción que produce.
Colocado el sapo en la mejilla, sobre la zona afectada, se absorben las aminas simpaticomimeticas a través de la piel de la cara y produce vasoconstricción, reduciendo el edema que comprime al nervio y que es lo que produce el dolor.
Por otra parte se utiliza también al sapo para propósitos tan diversos como: neutralizar mordeduras de serpientes, en la cura de la culebrilla, la disentería, la renguera de los caballos, en las heridas agusanadas de los animales, extirpación de vinchucas, para provocar lluvias, etc.
Quiroga menciona que en los Valles Calchaquíes "las brujas se sirven del sapo para hacer daño a alguna persona, porque se le tiene por obra del ZUPAY".
La suerte del sapo puede variar de acuerdo a las costumbres. En el Chaco, por ejemplo, se lo hierve en agua para servir como bebida contra el asma; y en Chile, se lo fríe en aceite para combatir las hemorroides.


EL CARDÓN
Cuenta la leyenda que los cardones que hay en los valles, en especial en el camino a Amaicha del Valle, son indios, que convertidos en plantas, aún vigilan los valles y los cerros. Ellos velan por la felicidad de sus habitantes que, de esta manera, nunca más serán perturbados por extraños en conquista de tierras.
Pero más trágico es saber cómo se convirtieron en plantas. Se cuenta que en épocas de la conquista, el Inca, al ver que los españoles estaban dominando y martirizando a su pueblo, envió emisarios a los 4 puntos del imperio para organizar las tropas y así dar un golpe mortal al invasor.
Para ello, los guerreros se apostaron en puntos claves por donde pasarían los conquistadores, esperando la orden de atacarlos por sorpresa, pero esta orden nunca llegó pues los chasquis enviados fueron capturados en el camino y el Inca fue capturado, torturado y muerto. Los valientes indios esperaron y esperaron y vieron, desorbitados, pasar las tropas europeas sin recibir la orden de atacar.... pasó el tiempo y, desolados, quedaron en sus puestos.... la Pachamama, piadosa, los fue adormeciendo y haciéndolos parte de ella.... así comenzaron a unirse sus pies a la greda y la Madre Tierra los cubrió de espinas para evitar que los dañaran en su sueño...
Se dice que aún hoy estos estoicos vigías esperan la orden que nunca llegará...

LA LLORONA
'La llorona' es una mujer alta y estilizada cuyo atuendo es de color blanco, aunque no es posible distinguir sus rasgos faciales. Los relatos populares, la describen también como una mujer sin pies, en efecto, parece desplazarse por el piso sin rozarlo.
El mito de 'la llorona' afirma que su eterno penar se debe a que busca a un hijo recién nacido que asesinó arrojándolo al río para ocultar un pecado. Y en esta línea, es parte de su penitencia, castigar a los muchachos que andan de amores prohibidos: se sube a sus caballos y puede llegar a matarlos en un helado abrazo mortal.
Se la llama 'la llorona' porque sus gemidos son tan insistentes que hasta enloquece a los perros, mientras deambula por las noches (sobre todo cuando es noche de plenilunio).
La mayoría de los relatos, la consideran señal de malos presagios, un indicador de mal agüero: puede acercarse para enfermar a las personas, empeorar a los enfermos o traer desgracias a los seres queridos.
En otros relatos, 'la llorona' se presenta como un ser inofensivo que necesita consuelo y ayuda, despertando piedad en la gente que, cuando se acerca a consolarla, les roba todas sus pertenencias.

CACHIRÚ
Este mito sin la difusión de otros como la mulánima o el duende es descrito por Adolfo Colombres en su Seres sobrenaturales de la Cultura Popular Argentina. También se lo llama Cachurú.
Es representado como una gran lechuza, de color gris oscuro y de poderosas garras, tiene ojos luminosos que denuncian su vuelo nocturno y silencioso. Eventualmente se oyen sus fuertes graznidos.
Ataca a las personas, elevándolas con sus poderosas garras y destrozándolo, le come el alma para convertirlo en un fantasma. Muy rara vez se lo oye o ve en campo abierto, su zona preferida son los tupidos montes, en donde es casi imposible el acceso.
Se tienen referencias de sus apariciones en Mailín, Santiago del Estero.

EL COQUENA
Habita en la zona de la puna (Salta y Jujuy) y se aparece a los pastores y a los cazadores de vicuñas que cazan con armas de fuego.
Se dice que es un hombrecito retacón, de cara blanca y con barba. Según E. Bossi es lindo, elegante, lleva un sombrero ovejón y usa ropa tejida con lana, pantalón de barracán, camisita de lienzo y un collar de víboras relumbrando, calza sus pies con ojotitas con clavos de plata.
Cambia su poncho todos los años para el carnaval y lo entierra, al viejo, en donde tiene su tesoro escondido.
Es el patrón de los animales del campo y de los cerros. Sólo permite que cacen por necesidad y a la vieja usanza (rodeando las tropas con hilos y trapos colorados y boleándolas).
Para pedirle permiso a Coquena, hay que dejarle ofrendas.

EL CUERVO
La raza guaraní, tan valiente y aguerrida y a la vez tan romántica y soñadora, tiene infinidad de leyendas que nos están diciendo de la sensibilidad y pureza de sentimientos, que adornaban a este pueblo de valientes.
El cuervo, el “irivú” era un paisano correntino, que un día de miseria salió de su casa en busca de alimentación, anduvo y anduvo hasta que halló una osamenta, como tenía mucho apetito probó la presa y le gustó, comió hasta hartarse, aplacó su glotonería con la carne pútrida y se tendió luego a dormir tranquilamente sobre el pastizal, sin importarle el olor ni las moscas y otros insectos que merodeaban el lugar, cuando el paisano despertó ya no era el mismo, su cuerpo estaba lleno de plumas negras, su boca era un largo pico, sus piernas tenían púas y filosísimas uñas, Tupá (Dios de los guaraníes) que había observado con disgusto y asco su terrible banquete con la osamenta, lo ató para siempre a ella, por eso dice el vulgo “cuando una persona sale de su casa y tarda mucho en regresar, hizo como el cuervo encontró una osamenta y se quedó”, otro dicho muy conocido entre los cazadores del litoral “no hay que dispararle al cuervo con la escopeta porque su caño se humedece para siempre”.

LA LEYENDA DEL ÑANDU
Hace muchos, muchísimos años, habitaba en tierras mendocinas una tribu de indígenas muy buenos, hospitalarios y trabajadores. Vivían en paz hasta que un buen día se enteraron de que del otro lado de la cordillera y desde el norte de la región se les acercaban aborígenes guerreros muy bravíos.
Pronto los invasores los rodearon y entonces los nativos decidieron pedir ayuda a un pueblo amigo que vivía en el este. Sin embargo, para llevar la noticia era necesario pasar a través del cerco de los enemigos y nadie se animaba a hacerlo.
Finalmente un muchacho de veinte años, fuerte y ágil, que se había casado con una joven de su tribu hacía apenas un mes, se presentó ante su jefe, resuelto a todo. Se ofreció a intentar la aventura y después de recibir una cariñosa despedida de los suyos, partió muy de madrugada en compañía de su esposa. Marchando con el incansable trotecito indígena, marido y mujer no encontraron sino hasta el segundo día, las avanzadas enemigas. Sin separarse ni por un momento y confiados en sus ágiles piernas, corrieron, saltaron, evitaron los lazos y boleadoras que los invasores les lanzaban. Perseguidos cada vez más de cerca por los feroces guerreros, continuaron la carrera, hacia el naciente. Y cuando parecía que ya iban a ser atrapados, comenzaron a sentirse más livianos; de pronto se transformaron. Las piernas se hicieron más delgadas, los brazos se convirtieron en alas, el cuerpo se les cubrió de plumas. Los rasgos humanos de los dos jóvenes desaparecieron para dar lugar a las esbeltas formas de dos aves de gran tamaño: quedaron convertidos en lo que, con el tiempo, se llamó ñandú.
A toda velocidad, dejando muy atrás a sus perseguidores, llegaron a la tribu de sus aliados. Éstos, alertados, tomaron sus armas y se pusieron en marcha rápidamente. Así sorprendieron a los invasores y los obligaron a regresar a sus tierras.
De este modo cuenta la leyenda que fue como apareció el ñandú sobre la tierra.

EL ZONDA
En la región del noroeste argentino es conocida esta vieja leyenda, cuyo protagonista es Gilanco, un indio altivo y dominante, caudillo de su tribu y temido por su gran valor. Era considerado el mejor cazador y por ello despertó varias veces las iras de Llastay y de la Pachamama, quienes le recriminaron la matanza despiadada de aves y guanacos.
Cierto día la Pachamama le anunció el castigo. Para que escarmentara, envió al zonda, un viento cálido y seco, que incendió los campos y dejó yermas las tierras entonces fértiles.
A causa de la soberbia de Gilanco, dicen las consejas, el zonda arruina las tierras del Calchaquí, se cuela por entre las piedras de la pirca y las quinchas de los ranchos. Los nativos le temen y se santiguan creyendo que es el alma del cacique condenado a vagar en forma de viento. Así su espíritu llega a contarles su castigo e implorar perdón por sus pecados.

LA LEYENDA DEL TORDO
Dicen que el tordo era un indio de espíritu musical, su boca daba los cantos como rosas el rosal.
Callaban para escucharle la calandria y el zorzal, y suspiraban las indias enfermas del dulce mal...
Flores le brindaba el ceibo las abejas su panal, los guacamayos sus plumas, los torrentes su caudal.
Y él prodigaba las galas de su alma sentimental, sus labios daban canciones como rosas el rosal...
Una tarde, Ñandeyara le dijo-vamos a cantar y el respondió-tengo un precio, si me quieres escuchar...
-Cuál es el precio, hijo mío, cuál es el precio que le das a tu canto?-dijo el padre de la tierra y de la mar.
-¡Dame la rosada aurora! Yo lo quiero desposar, por ella soy melodioso corazón de manantial...
-Si la aurora yo te la diera, tus hermanas quedarán como los ojos de un ciego ¿quién las iluminará?
- Dame la aurora hecha carne de mujer. Mía será...
El fulgor de sus miradas en mi seno he de guardar...
-¿A tus hermanas preten0des la luz del día quitar?
-Dame la aurora es el precio que exijo por mi cantar...
Y Ñandeyara prudente dios de la tierra y el mar sentenció:
-Será la noche a quien tu desposarás de sus caricias sombrías prisionero quedarás. Tu amor egoísta en vano a la aurora buscará.
Y desde entonces vestido de sombras, el indio va llamando a la aurora amada con su divino cantar.
AUTOR: LUIS GOFREDO

EL ARBOL DE SAL
Los mocovíes, indígenas del norte argentino, conocen un helecho llamado Iobec Mapic, al que muchos confunden con un árbol, por que tiene un gran porte y puede llegar a los 2 metros de altura.
Dice la leyenda que cuando Cotaá (Dios) creó el mundo hizo esta planta para que alimentara al hombre; la planta se expandió rápidamente y fue de gran utilidad para la humanidad que la consumía agradecidamente.
Neepec (el diablo), sintió envidia de ver lo útil que era esta planta y se propuso destruirlas a todas, de la forma en que fuese necesario y posible.
Se elevó por los aires y fue a las salinas más cercanas, llenó un gran cántaro con agua salada y los arrojó sobre las matas con la intención de quemarlas con el salitre.
Fue entonces que las raíces absorbieron el agua; la sal se mezcló con la savia y las hojas tomaron el mismo gusto.
Cotaá triunfó una vez más porque la planta no perdió su utilidad, ya que con ella sazonan las carnes de los animales salvajes y otros alimentos
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